- El consumo parental de alcohol está vinculado con mayores probabilidades de abuso infantil.
- 1 de cada 10 estudiantes de secundaria y bachillerato mexicanos (10.3%) considera que su padre tiene problemas de alcohol y 1.7% identifica esta problemática en ambos progenitores.
- Asociaciones “fachada” de la industria alcoholera, como FISAC, insisten en posicionar este tema únicamente como un problema de educación en las familias, lo que frena los esfuerzos para la implementación de políticas efectivas como los impuestos.
- Las políticas públicas más efectivas para proteger a la niñez son el aumento de impuestos al alcohol, la regulación de la disponibilidad y la creación de entornos libres de publicidad.
29 abril, 2026. En el mundo, millones de niñas y niños crecen en hogares donde el consumo de alcohol genera negligencia, violencia, problemas de salud mental y bajo rendimiento escolar. En estos contextos, el hogar, que debería ser un espacio seguro y de desarrollo, puede convertirse en el lugar más riesgoso para esta población, según el informe A week off: Children of Households with Alcohol Problems.1
Es por ello que, en el marco del Día de la Niñez, especialistas en salud pública y la Red de Acción Sobre Alcohol (RASA) advierten que el consumo de alcohol —particularmente cuando ocurre en el entorno familiar— representa una de las amenazas más invisibles para el bienestar y desarrollo de niñas, niños y adolescentes en México.
El alcohol no sólo afecta a quienes lo consumen sino que impacta de forma directa y profunda a quienes los rodean, especialmente a las infancias. Este impacto puede comenzar incluso antes del nacimiento. Se ha documentado que 8 de cada 10 embarazos expuestos al alcohol desarrollan alguna condición ya sea el trastorno del espectro alcohólico fetal (TEAF),2 los cuales incluyen el déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o problemas de aprendizaje y discapacidad intelectual.
Además, el consumo parental de alcohol está vinculado con mayores probabilidades de abuso infantil.3 Se ha visto que los trastornos por uso de alcohol en los padres o cuidadores aumentan 2.32 veces el riesgo de maltrato de menores y 1.92 veces el riesgo de recurrencia,4 en comparación con padres o cuidadores que no están afectados por esta problemática.
Alonso Robledo, vocero de la RASA, señaló: “La exposición temprana, la normalización del consumo en entornos familiares y la falta de regulación efectiva están poniendo en riesgo el desarrollo, la salud y el bienestar de niñas, niños y adolescentes en México. No podemos seguir tolerando entornos donde el alcohol está presente como parte cotidiana de la convivencia infantil. Proteger a la niñez implica tomar decisiones claras: reducir la disponibilidad, limitar la promoción y hacer el alcohol menos barato, es poner el interés superior de la niñez por encima de cualquier interés comercial”.
Un entorno rodeado del consumo de alcohol se traduce en efectos emocionales profundos y deterioro en las relaciones familiares, en los padres, en problemas de salud mental, abuso de sustancias y violencia, lo que agrava aún más el desarrollo infantil.5 Estos daños se ven reforzados por la alta disponibilidad de alcohol (gran cantidad de centros de venta y de consumo), su muy bajo costo y la exposición a la publicidad, todo lo cual incrementa el riesgo de inicio temprano y de daños a lo largo de la vida.
En México, esta problemática adquiere una dimensión crítica en los adolescentes. De acuerdo con la doctora Raquel Mondragón Gómez, catedrática de la Facultad de Psicología de la UNAM, aproximadamente el 10.6% de los estudiantes de secundaria y bachillerato (alrededor 1’103,991 estudiantes) considera que su padre presenta problemas de consumo de alcohol, el 1.3% (139,653 estudiantes) lo identifica en su madre, y el 1.7% (179,293 estudiantes) en ambos progenitores.
Asimismo, señaló que los estudiantes con antecedentes de consumo problemático en el padre presentan hasta un 38% más riesgo de beber en forma excesiva. Este riesgo aumenta a más del doble (OR = 2.62) cuando la es la madre quién lo hace, o más del triple (OR = 3.19) cuando ambos padres presentan la misma situación.
Por ejemplo, en Estados Unidos se ha observado que el aumento en impuestos al alcohol se asoció a una reducción del 12-16% de la violencia a niños.6 La OMS7 y la OCDE8 respalda estas intervenciones como las más costo-efectivas para disminuir los daños asociados al alcohol.
En México, sin embargo, estas políticas enfrentan resistencias y avances limitados. Organizaciones “fachada” de la industria alcoholera, como FISAC o la Alianza Mexicana por el Consumo Moderado, han tomado como bandera el consumo de alcohol en los menores, mientras al mismo tiempo descargan la responsabilidad de estos problemas en las decisiones individuales y proponen estrategias educativas como única solución, ignorando y frenando la implementación de las medidas costo-efectivas recomendadas.
Al respecto, Angélica María Claro, gerente de Incidencia en Movendi Internacional, destacó: “Cada niña y niño tiene derecho a crecer libre de la explotación comercial de la industria del alcohol. En México, la niñez está expuesta a un entorno donde el alcohol es barato, omnipresente y se promueve sin límites. Los gobiernos tienen la obligación de proteger ese derecho con políticas efectivas y no dejar que las familias enfrenten solas una industria que invierte miles de millones en capturar consumidores desde la infancia”.
Garantizar una infancia libre de los daños del alcohol es una responsabilidad colectiva. Proteger a niñas y niños implica reconocer que el consumo de alcohol no es un asunto individual o de educación, sino un problema de salud pública y de derechos humanos, que requiere la intervención del gobierno con acciones efectivas. Porque crecer en un entorno seguro, libre de violencia y con oportunidades reales de desarrollo no debería ser un privilegio, sino un derecho.
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1 Movendi Internacional (2026). Alcohol-Free Childhood: Children of Households with Alcohol Problems. Estocolmo, Suecia. Disponible en: https://movendi.ngo/wp-content/uploads/2022/02/CoA-Facts-and-explanation.pdf
2 Clark, C. A., Nakhid, D., Baldwin-Oneill, G., LaPointe, S., MacIsaac-Jones, M., Raja, S., & McMorris, C. A. (2024). Prevalence of co-occurring diagnoses in people exposed to alcohol prenatally: Findings from a meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 358, 163–174. https://doi.org/10.1016/j.jad.2024.05.035
3 Widom, C. S., & Hiller-Sturmhöfel, S. (2001). Alcohol abuse as a risk factor for and consequence of child abuse. Alcohol Research & Health: The Journal of the National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism, 25(1), 52–57.
4 Leung, J. Y. Y., Parker, K., Lin, E., & Huckle, T. (2025). The association of parental or caregiver alcohol use with child maltreatment: A systematic review and meta‐analysis of longitudinal studies. Addiction, 120(9), 1724–1738. https://doi.org/10.1111/add.70055
5 Nkobi, M., & Kingan, M. (2025). The Impact of Parental Alcohol Misuse on Children: A Systematic Review. Substance Use & Misuse, 60(11), 1690–1698. https://doi.org/10.1080/10826084.2025.2512232
6 Markowitz, S., & Grossman, M. (1998). ALCOHOL REGULATION AND DOMESTIC VIOLENCE TOWARDS CHILDREN. Contemporary Economic Policy, 16(3), 309–320. https://doi.org/10.1111/j.1465-7287.1998.tb00521.x
7 Organización Mundial de la Salud (OMS). (2025). SAFER. SAFER – alcohol control initiative. https://www.who.int/initiatives/SAFER
8 Cecchini, M., Devaux, M., & Sassi, F. (2015). Assessing the impacts of alcohol policies: A microsimulation approach (OECD Health Working Papers No. 80; OECD Health Working Papers, Vol. 80). OECD. https://doi.org/10.1787/5js1qwkvx36d-en
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